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La centenaria Plaza de Toros de Cehegín acogió una tarde muy especial, en la que seis valientes espadas pisaron su albero, para colaborar con una buena causa, que no era otra que la de recaudar fondos para mantener la Feria y Encierros de San Zenón.

Aunque la afición estuvo entregada con todos los becerristas, hubo uno que despertó los ‘olés’ más intensos de toda la tarde. Estos fueron para José Soria ‘Pepe Alcalde’, primer edil del Ayuntamiento de Cehegín, quien aceptó ser acartelado en este festival benéfico, tras ser invitado por el presidente de Pro-Encierros, Diego Martínez.

Las ‘Chicas de Lorena Rivero’ deleitaban al público con la actuación de baile de dos pasodobles, interpretados por la Sociedad Musical de Cehegín, y secundados por los capotazos de un niño, componente del grupo, que tiene madera suficiente para llegar muy lejos en el mundo del toro.

Abría plaza el murciano Rubén Tudela, quien se mostró muy seguro delante de su primer añojo, al que recibió con una larga cambiada de capote y toreó con maestría en la muleta. A este le siguió Alejandro Fernández ‘El Niño de la Patata’, quien exprimió a su novillo tanto de capote como de muleta, demostrando gran imaginación y repertorio.

Cristóbal Sánchez de Amoraga ‘El Niño de las Maravillas II’, quien lidió el novillo más complicado de la tarde, ya que tenía problemas en un ojo, cuajó una serie de verónicas propias de un cartel de toros, rematadas con una media de las que quitan el sentío. En muleta no tuvo opciones con el animal.

Era el turno para José Ramón Puerta, hermano del novillero Antonio Puerta, quien dejó claro en el albero la sangre torera que corre por las venas de esta familia ceheginera. Puerta, que toreó el cárdeno más cuajado de la tarde, se fue a los medios y tiró de torería para deleitar a un público entregado.

Pedro Sánchez ‘El Paredes’ era el quinto de la tarde, e hizo bueno el dicho de que ‘No hay quinto malo’. Tras brindar la lidia del animal a su familia, con un bello recuerdo a su madre, el de la Calle de la Fortuna demostró cómo un simple aficionado puede dominar de principio a fin ‘al de los pitones’, con una actuación muy digna y muy seria, que fue reconocida por el ‘respetable’.

Con el tendío esperando a que se abriera la puerta de toriles por última vez, llegaba el turno del alcalde de la localidad, José Soria, quien había llegado a la plaza para ‘echar el resto’. Pepe Alcalde recibía a su becerro de capote, con varias verónicas rematadas con una revolera. Los ‘olés’ comenzaban a sonar y hasta el pino de la plaza parecía apoyar al improvisado ‘maestro’. Con un brindis a su mujer y a sus hijas, secundado por otro a toda la afición que había asistido al coso ceheginero, Pepe Alcalde montaba la muleta y se iba al tercio para comenzar su faena.

Básicamente imprimió todos sus lances por alto con la diestra, y la plaza se volcaba en cada uno de ellos. Remató algunas tandas en redondo, provocando la multitud de flashes de las cámaras de los periodistas acreditados para tan excepcional ocasión. Con la tranquilidad del trabajo bien hecho, Soria entró a matar sin estoque y dio la vuelta al ruedo, saludando a todos los asistentes y agradeciéndoles su asistencia a una tarde que pasará a la historia de la Plaza de Toros de Cehegín.

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